🛑 Cd. Victoria, Tam. .- Ahora resulta que el enemigo público número uno de México anda en motoneta, lleva una hielera en la espalda y huele a maíz recién hecho.
Sí, así como lo lee. La PROFECO acaba de encontrar un nuevo “peligro” nacional: los repartidores de tortillas.
Resulta que, después de décadas de ser el motor que lleva el alimento básico a las colonias más alejadas, donde no hay una tortillería a la vuelta, el Gobierno ha decidido que esta práctica es “antihigiénica”. Que es un riesgo. Que hay que perseguirlos, multarlos y, si se dejan, hasta clausurar el negocio que se atrevió a darles el producto para vender.
¿De verdad no tienen nada más importante que hacer?
En un país donde el crimen organizado controla el precio del limón, el pollo y hasta el aguacate, la gran prioridad oficial es perseguir al repartidor que acerca la canasta básica a las familias que no tienen coche para ir al súper.
Dicen que es por “higiene”. Pero lo que realmente están haciendo es asfixiar un modelo que ha generado miles de empleos y que ha sobrevivido a la crisis de las tortillerías de barrio. Es la cacería contra el que trabaja, contra el que emprende, contra el que resuelve lo que el Estado no puede: el abasto popular.
La amenaza es clara: si te ven con la hielera en la moto, vas por la multa. Y si la tortillería te las surtió, van por su clausura. El mensaje del Gobierno es demoledor: o te alineas a la burocracia, o te dejamos sin comer.
¿Qué sigue? ¿Van a prohibir los tacos de canasta porque la bicicleta es “peligrosa”? ¿Van a multar al señor de los camotes porque el carrito no tiene verificación ambiental?
Mientras la economía real se tambalea y los negocios familiares luchan por no colapsar, la genialidad oficial prefiere inventar reglamentos para generar desempleo.
Al paso que vamos, la pregunta ya no es qué van a prohibir mañana, sino:
¿Quién diablos va a quedar trabajando en este país si siguen persiguiendo al que se gana la vida honestamente?
