🔸️ Tras su paso desapercibido por el Congreso del Estado Libre y Soberano de Tamaulipas hoy no es mas que una espectadora de aplausos fuertes y cero pedir cuentas, cuando Tula quedó ya atrapado en un agujero complicado de levantar, cero oposición, pero buenas ganancias
🔶️ Tula, Tamaulipas. En el peculiar escenario político de Tula, donde las figuras públicas a menudo parecen más personajes que servidores, la regidora Liliana Álvarez Lara se ha convertido en un emblema de la “oposición” que no opone. Aunque oficialmente milita en el Partido Acción Nacional (PAN), su desempeño en el cabildo dista mucho de representar una voz crítica, transformándose en la principal animadora del alcalde morenista René Lara Cisneros.
La trayectoria política de Álvarez Lara, oriunda de Gómez Farías pero arraigada en Tula, no se atribuye a un liderazgo forjado en méritos propios. Voces internas del PAN sugieren que su ascenso se debió a “favores y bendiciones” de influyentes padrinos, particularmente del exdiputado César “Truco” Verástegui, quien, en su momento de poderío panista, la impulsó a una diputación local. Sin embargo, su paso por el Congreso se caracterizó por una escasa producción legislativa, un anticipo de su actual rol.
Aunque su aspiración a la alcaldía no se concretó, fue recompensada con la primera regiduría panista. Un cargo que, según sus críticos, ha ejercido con nulo esfuerzo y sin la vocación de fiscalizar al gobierno en turno. La regidora, lejos de proponer o criticar, se ha dedicado a “acompañar” y, sobre todo, a “aplaudir”.
Un Desempeño Cuestionable en el Cabildo
Las redes sociales de Liliana Álvarez son un reflejo de su postura: felicitaciones, “palmaditas”, y una profusión de emojis de aplausos dirigidos al presidente municipal. Mientras tanto, problemáticas apremiantes como la falta de servicios públicos, las acusaciones de nepotismo descarado en la administración municipal, y el controvertido manejo de eventos públicos como la feria por parte del tesorero, parecen pasar desapercibidas para la regidora. Su rol, según sus detractores, se limita a “coincidir” con la narrativa oficial.
La reciente participación de Álvarez Lara en el Encuentro Nacional de Pueblos Mágicos en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, ha reavivado las críticas. Se le señala por haber viajado sin presentar iniciativas, sin proponer acuerdos y sin defender los intereses de sus representados, concentrándose en actividades de esparcimiento y en replicar el discurso gubernamental de que “todo está bien”. Este viaje, sumado a su “dieta asegurada”, refuerza la percepción de una funcionaria más preocupada por su beneficio personal que por la rendición de cuentas.
La Silla antes que la Lealtad
Liliana Álvarez es señalada como un ejemplo del “gatopardismo” que impera en la política local de Tula: figuras sin vocación, compromiso, postura o lealtad. Una regidora que llegó al poder bajo la promesa de representar al panismo, pero que hoy opera como una extensión dócil del gobierno que debería supervisar.
Aunque ella argumente que “más allá de los colores, está el interés de nuestra gente”, la realidad parece indicar que su principal interés es mantenerse en el poder sin generar incomodidad, cobrando su dieta sin esfuerzo y sin perder su asiento.
Para muchos ciudadanos de Tula, el desempeño de la regidora Liliana Álvarez Lara es una decepción. Votaron esperando una voz crítica en el cabildo, pero en su lugar, han encontrado una complacencia que se ha diluido entre aplausos, viajes y una percibida falta de compromiso con los principios de su partido y, más importante aún, con las necesidades de la gente que la eligió. En este “Pueblo Mágico” donde la política es un espectáculo, la regidora ha adoptado el papel de una “foca amaestrada”, aplaudiendo y cobrando, mientras la verdadera voz ciudadana se ahoga en el hartazgo.
¿Considera que la función de un regidor de oposición debe ser siempre la crítica, o existe un punto medio de colaboración en beneficio del municipio?
