🔺 Mientras que en Miquihuana arregla el gobierno del estado más de 44 kilómetros en la sierra, en el municipio vecino son décadas en el olvido
🛑 Bustamante, Tam. .- Imagínese usted: 40 kilómetros de terracería. Todos los días. Un camino que parece más una zona de guerra que una vía de comunicación. Esa es la realidad de los maestros en Tamaulipas que tienen la “osadía” de querer llegar a sus escuelas en el ejido Llano y Anexas.
La situación en Bustamante ya es insostenible. Los profesores lo gritan, lo suplican, lo ponen en redes sociales: “¡Por fis, por fis, urge!”. No es un capricho. Es el grito de quien ya perdió la cuenta de cuántas llantas se han reventado, de cuántas suspensiones han quedado en el camino y de cuánto dinero de su propio sueldo se queda en el taller mecánico por culpa de la negligencia oficial.
Pero mientras en el municipio vecino, en Miquihuana, la Dirección de Obras Públicas del Estado presume la rehabilitación de más de 44 kilómetros de camino —desde La Peña hasta Valle Hermoso—, en Bustamante parece que el reloj se detuvo.
¿Por qué ahí sí y aquí no?
La respuesta tiene nombre y apellido, aunque a estas alturas ya ni valga la pena mencionarlo. Una administración municipal que lleva casi una década enquistada en el poder, donde lo único que parece haber crecido son los bolsillos de la Presidenta Municipal, mientras los caminos que conectan con Nuevo León son prácticamente intransitables.
Es el contraste de la impunidad: una alcaldesa que se “hincha de billetes” frente a maestros que tienen que hacer milagros para no quedarse tirados en medio de la nada.
El llamado es directo para el gobernador, el Dr. Américo Villarreal. Los maestros le piden que voltee a ver este municipio olvidado, que no los deje solos frente a una administración local que ya demostró que su prioridad no es el pueblo, sino el presupuesto.
Si ya se pudo en Miquihuana, ¿cuál es la excusa para Bustamante? ¿O es que acaso hay ciudadanos —y maestros— de primera y de segunda?
Al paso que vamos, en Bustamante no solo se están rompiendo las llantas de los carros; se está rompiendo la paciencia de una gente que ya se cansó de ser invisible.
