🟠 Cd. Victoria, Tam. .- Lo que ocurrió en el Hospital Infantil de Tamaulipas no es solo una tragedia médica o policial. Es una radiografía del abandono.
Dos doctoras residentes. En su lugar de trabajo. En un hospital público. Denuncian haber sido drogadas y agredidas. Y frente a eso, lo que domina no es la justicia, sino un silencio sepulcral que aturde.
Las víctimas acusan negligencia institucional. Dicen que les faltó apoyo médico, que les negaron el respaldo psicológico y que el brazo jurídico del Estado simplemente no apareció.
Ante un horror de este tamaño, la pregunta brota sola:
¿Dónde están las mujeres políticas de Tamaulipas?
¿Dónde está la senadora Olga Sosa Ruiz? ¿Dónde están las diputadas locales y federales que se llenan la boca hablando de igualdad y derechos? ¿En qué oficina se escondieron las alcaldesas y funcionarias que no pierden oportunidad para presumir su “agenda de género” en cada boletín oficial?
Para la foto, para el foro, para el aplauso en campaña, el discurso de “defender a las mujeres” sale fácil. Es gratis. Pero cuando dos médicas son agredidas dentro de una institución del Gobierno… el discurso se les traba en la garganta. El silencio se vuelve incómodo. Se vuelve cómplice.
Las residentes lo dijeron con una frase que debería quitarle el sueño a cualquier funcionario en Ciudad Victoria:
”No sabemos quién nos violó, pero sí sabemos quién no nos cuidó”.
Esa frase es un dardo directo al corazón de la dirección del hospital. Pero también es un espejo frente a la clase política que dice representar la lucha feminista mientras mira para otro lado cuando la realidad les estalla en la cara.
Si un hospital público no puede garantizar la integridad de sus propias doctoras, algo está podrido en el sistema. Pero si las mujeres que hoy ostentan el poder guardan silencio ante una violación dentro de un edificio gubernamental, la pregunta es inevitable:
¿Quién diablos está defendiendo realmente a las mujeres en Tamaulipas?
