🛑 Hay políticos que confunden el servicio público con un título de propiedad. Y luego está Maricela Rodríguez González, la alcaldesa de Bustamante, quien parece creer que el municipio es su feudo personal.
¿Usted puede creerlo? Después de casi una década sentada en la silla —nueve años que parecen una eternidad para los habitantes del Altiplano—, la señora tiene el desplante de aparecer en redes sociales con un tono de “salvadora” para anunciar… ¿maquinaria trabajando?
Con una ligereza que insulta la inteligencia de cualquiera, la alcaldesa publicó: “Buenas noticias para nuestra gente”. ¿La gran noticia? Que por fin mandó unas máquinas al camino entre el ejido Las Antonias y Plutarco Elías Calles.
Pero agárrese, porque lo mejor es el remate de su mensaje: “Poco a poco seguimos avanzando”. ¡Poco a poco! Señora alcaldesa, lleva diez años en el poder. A ese ritmo, para cuando termine de pavimentar un camino digno, ya habremos colonizado Marte. Es la estética de la migaja: dar un raspado de tierra y pedir aplausos como si fuera la obra del siglo.
La pregunta que todo Tamaulipas se hace es: ¿Cómo le hace? ¿Cómo logra perpetuarse alguien que tiene a sus comunidades rurales en el olvido más absoluto?
En los pasillos de la política estatal el secreto es a voces. Dicen los que saben que la estrategia de Maricela no está en las obras, sino en el padrón. El “milagro” de Bustamante se construye, presuntamente, trayendo gente de otros estados, pagando traslados y “engordando” las listas electorales para garantizar que la matemática del poder nunca le falle.
¿Quién defiende al pueblo?
A estas alturas, a la alcaldesa ya ni siquiera le interesa simular que apoya a los ejidos. Se sabe dueña de la estructura y maestra en el arte de la supervivencia política. Mientras ella presume una motoconformadora raspando un camino de tierra, las familias de Bustamante siguen transitando por las mismas carencias de hace una década.
Bustamante hoy es el ejemplo perfecto de lo que sucede cuando el poder se oxida y la vergüenza se pierde. La pregunta queda en el aire, flotando entre el polvo de esos caminos ejidales: ¿Quién podrá defender a este municipio de un cacicazgo que ya cumplió una década de promesas a cuentagotas?
