🛑 Bustamante, Tam. .- En el México de los “otros datos”, hay feudos que parecen detenidos en el tiempo, donde la política no se hace con votos, sino con miedo y bultos de cemento que nunca llegan. El caso de Maricela Rodríguez González, la alcaldesa de Bustamante, Tamaulipas, es el manual perfecto de cómo vivir del presupuesto —y de la gente— durante casi una década sin que se le mueva un pelo, ni la vergüenza.
Hoy, la famosa “Güera” intenta una metamorfosis que ni en las mejores novelas de suspenso. Se está dando baños de pureza. Quiere convencerse a sí misma de que es una servidora ejemplar, mientras ya prepara el salto del tigre: la reelección. Pero ojo, que la lealtad no es su fuerte. Dicen los que saben que ya alista las maletas para mudarse al Partido del Trabajo. ¿Ideología? Ninguna. Conveniencia, toda. El problema es que la ley es clara: para reelegirse por otro partido, debió renunciar a su militancia a mitad de su mandato. Pero en el mundo de Maricela, las reglas son sugerencias y la traición es el pan de cada día.
🔺 Techos de papel y bolsillos de concreto
Hace unos días, la alcaldesa presumía con bombo y platillo el inicio del programa “Techos Firmes” en San Nicolás y Loma Raza. “Un techo seguro no es un lujo, es tranquilidad”, decía el boletín oficial. Lo que no dice la propaganda es que esos “techos firmes” no son de concreto, sino de lámina galvanizada. Láminas que, según cuentan en los pasillos de la presidencia municipal, se facturan como si fueran de oro y terminan alimentando bolsillos privados, mientras las familias rezan para que el próximo viento no se lleve su “tranquilidad”.
Y qué decir de su genialidad hidráulica: invertir dinero público en estanques en una zona donde la lluvia es un milagro que no llega. Es la política del absurdo: construir albercas secas mientras los caminos de Bustamante están para llorar.
🔺 El show de los billetes
Pero lo que más ofende es la humillación disfrazada de caridad. Cuentan los testigos que en los eventos culturales, la alcaldesa monta su propio espectáculo financiero. Carga billetes de 500 en un lado, de 200 en otro, y de 50 para la “plebe”. Dependiendo de quién se acerque, es el billete que suelta. Ese es su concepto de “apoyar a la gente”: comprar voluntades por cincuenta pesos para mantener el control.
La realidad es que el pueblo de Bustamante está sometido, amedrentado por una mujer que los atiende cuando se le da la gana y que no tuvo empacho en ser exhibida en la zona centro, donde dio por terminada la construcción de un cuarto que solo tenía unos bultos de cemento abandonados. Cobró la obra, se tomó la foto y dejó al vecino en la calle. Así de cínico el manejo del erario.
🔺 La cuenta regresiva
Maricela Rodríguez cree que el poder es eterno. Cree que el miedo es un cheque en blanco. Pero en política, como en la vida, no hay mal que dure cien años… y los diez que lleva ella ya le pesan a un pueblo que está empezando a despertar.
La “reina de Bustamante” se encamina a una elección donde su mayor enemigo no será la oposición, sino su propio historial de engaños. El tiempo corre y, por más que intente disfrazarse de samaritana, las láminas galvanizadas ya no alcanzan para tapar el sol.
